domingo, 2 de octubre de 2011

EL SUCESO HISTÓRICO MÁS IMPORTANTE DEL SIGLO XX: EL AJUSTICIAMIENTO DE TRUJILLO



Por Aquiles Julián
A doña Chana Díaz, In Memoriam

¿Cuál es el hecho histórico más importante del siglo XX? ¿Cuál es el acontecimiento que mayor impacto ha tenido en la vida y la realidad dominicana posterior a su suceder? ¿A cuál gesta heroica los dominicanos debemos más? Sin dudas, sólo una reúne todos los méritos, sin menoscabo de otras muchas honrosas: el ajusticiamiento del tirano Rafael Leónidas Trujillo, aquel delincuente que usurpó con violencia durante 31 años el poder en el país.

Fue también una de las pocas exitosas, pues logró su objetivo. Y cambió la historia del país en un antes y un después, con indudables beneficios para la sociedad dominicana.

La conspiración culminó toda una serie de esfuerzos abortados y frustrados, pagados con generosa sangre patriótica, para sacudirnos al déspota, que empezaron desde los primeros años de la dictadura.

Y reunió la determinación de hombres cansados de ser pisoteados y ver cómo se pisoteaba a otros; de ex-colaboradores del régimen junto a acérrimos enemigos del mismo; de gente que decidió no sólo arriesgar sus vidas, sino las de toda su familia con tal de quitarnos de encima al monstruo feroz que sometía al país.


EL QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO DE UNA ACCIÓN GLORIOSA


Este mes, cuando se celebra el quincuagésimo aniversario de la acción heroica del 30 de mayo de 1961, tenemos más que motivos para homenajear a los héroes vivos y muertos de la gesta, para reconocer a todos aquellos que colaboraron, apoyaron y contribuyeron a esa meta patriótica, a rendir tributo de agradecimiento a las familias que pusieron la sangre y los muertos para que este país respirara el aire de la libertad, tras 31 años de crímenes, torturas, abusos y despojos.

Es cierto que en el país tenemos hechos muy honrosos, como la resistencia valiente de La Barranquita a la primera intervención norteamericana o la rebelión de los campesinos del Este a las tropelías de la soldadesca extranjera. Y durante todo el infausto período en que Trujillo encabezó una asociación de malhechores que, en base a asesinatos, terrorismo y la fuerza descarada, usurpó ilegalmente las instituciones nacionales: presidencia, congreso y justicia, se vieron múltiples casos de heroísmo, todos más que merecedores del eterno reconocimiento de los dominicanos.

Hay muchos héroes anónimos qué rescatar y exaltar. Muchos. Gente que prefirió la muerte ante que mantenerse prosternado frente al criminal entorchado. Y sabemos, igualmente, que el retorno de remanentes del trujillismo durante los gobiernos presididos por Joaquín Balaguer, y el colaboracionismo que han mostrado los perredeístas con el trujillismo e incluso sectores del mismo PLD, ha mantenido un inexcusable velo malagradecido para desconocer el martirio de quienes perdieron sus vidas por querer librar las nuestras de las garras del dictador.

Pero nada iguala al acto del 30 de mayo. Nada. La gallardía y el valor de estos hombres, su pasión libertaria, su decisión inquebrantable, fueron ejemplares.

Quien les regatee méritos simplemente no está bien del juicio. O, como sucede, se presta a ser instrumento de las bajas pasiones de parientes del delincuente usurpador que todavía añoran aquella época y buscan deslustrar el acto más relevante de todos los que honran al país en el siglo XX.


UNA TAREA ANTIPATRIÓTICA E INFAME


Tratar de empañar esa gesta es una tarea antinacional de enemigos de este país, a las que algunos cretinos se prestan.

Y para lo cual mienten, difaman, especulan, engañan.

Los antiguos colaboradores del tirano buscan disfrazar no sólo su cobardía, peor aún, su abyección, enarbolando opiniones indignas, como esa de que aquí “se ha vivido del antitrujillismo”. ¿Y quién? Porque aquí, salvo el interregno del Consejo de Estado de enero de 1962 hasta la toma de posesión de Juan Bosch, y luego, en el período que va desde el 25 de septiembre de 1963 al 24 de abril de 1965, momentos en que se puede decir que las fuerzas que liquidaron a Trujillo ejercieron el poder, todo el resto del tiempo han sido los trujillistas y amigos de ellos los que han gobernado, y eso incluye el mismo gobierno de Bosch, surgido con el apoyo patente de los remanentes del Partido Dominicano y de ex-funcionarios trujillistas, que planteó aquella dañina política de “Borrón y cuenta nueva”.

El primer período, llamado de los Doce Años, del ex-presidente Balaguer fue la vuelta de “los trajes blancos” tan brillantemente retratado por Miguel Alfonseca en aquel cuento: “Los trajes blancos han vuelto”, que es una de las cumbres de la cuentística dominicana: la burocracia trujillista. Antiguos calieses, viejos torturadores, oscuros cómplices de la tiranía se reagruparon bajo la dirección del último presidente títere. Volvieron a sonar los merengues de la Era en cuarteles y fiestas, de manera descarada (yo mismo vi y oí a la orquesta de la FAD tocar “Recogiendo limosnas” y otros temas trujillistas en el jardín frontal de la residencia del entonces presidente Balaguer, en la Máximo Gómez 25). E igual retornaron muchas de las viejas prácticas.

Y fue en ese mismo período en que se trató de cumplir el pedimento de Ramfis Trujillo de que se asesinara a los sobrevivientes del ajusticiamiento, cuando en 1967 se tiroteó al héroe Antonio Imbert Barreras. Y se montó una trama conspirativa para traer de nuevo al “pato” a gobernarnos, en que la militares “constitucionalistas” y otros que hicieron causa común con el “Gobierno de Reconstrucción Nacional” durante la guerra de abril del 1965 hicieron causa común para destruir la incipiente democracia y devolvernos a la tiranía.

Ese hecho, convenientemente ocultado a la conciencia nacional para sostener falsos procerismos y nombradías fementidas, desmantelará las verdaderas motivaciones de muchos que se involucraron en la rebelión militar contra el triunvirato. ¿No fue uno de esos falsos héroes de la “revolución” el agente que sufragó a los que asesinaron en su casa a un verdadero héroe nacional, antitrujillista de toda la vida y uno de los motores de la conspiración que ajustició al sátrapa, Ángel Severo Cabral? ¿Puede quien mandó a asesinar a “Plutarco”, nombre de guerra del héroe, y conspiraba para que Ramfis volviera a encaramarse, pasar por héroe nacional?


EL PRECIO DE NUESTRA LIBERTAD


Fue alto el precio pagado por los héroes del 30 de Mayo. La cólera homicida de la dictadura cayó sobre ellos. La tortura y las vejaciones fueron bestiales. Y todos los que participaban del gobierno y del Estado, todos: jueces, fiscales, carceleros, militares, secretarios de Estado, incluyendo al ex –presidente títere Balaguer, fueron cómplices pasivos o activos de la orgía de sangre y esos crímenes los salpican.

Eran cobardes redomados, arrodillados a la sevicia de un trastornado mental, habituados al servilismo.

Y el crimen de la Hacienda María, última masacre cometida por la tiranía en su postrer momento (porque la matanza programada de personalidades y líderes, así como la ascensión al poder de un sicópata como José Arismendy Trujillo, alias Petán, fue abortada por el oportuno alzamiento de la Base Aérea de Santiago de los Caballeros), enloda al ex –presidente Balaguer por complicidad e inacción, ya que fue advertido de la intención homicida con suficiente tiempo de antelación y no movió un dedo para evitarla, y todos los que ejercían el poder en ese momento.

No sólo la muerte de los héroes, también la de los humildes policías custodios que fueron asesinados por sus propios compañeros de armas y al entonces Jefe de la Policía, el general Marcos Jorge Moreno, implicado en el hecho criminal.

Familias enteras casi barridas del todo. Incluso inocentes servidores asesinados porque sí, en una espiral sangrienta que segó vidas sin piedad alguna.

Y muchos de esos criminales volvieron impunemente al país. Y aquí encontraron a sus viejos colegas. Y todos se pusieron a añorar los “buenos tiempos” de la época del Jefe.


¿POR QUÉ NO HEMOS AVANZANDO MÁS EN NUESTRA DEMOCRACIA?


Muchos despotrican contra las insuficiencias y limitaciones de nuestra democracia, parcial, pobre, lastradas de prácticas autoritarias, de abusos de poder, de corrupción, de impunidad, etc., e ignoran que fuimos y somos los que quedamos vivos los responsables de esa situación.

Los héroes del 30 de Mayo en su inmensa mayoría fueron cruelmente asesinados. Ellos cumplieron exitosamente su tarea: quitarnos al tirano de encima. Fuimos nosotros, los sobrevivientes, los que fallamos en las que teníamos que acometer: impulsar una sociedad democrática, de oportunidades, de mecanismos que controlen la concentración de poder.

Todo empezó a fallar desde el mismísimo gobierno de Bosch, al aliarse con los trujillistas y legitimarlos. Y con el retorno de Balaguer al poder en 1966 fue un paso en la dirección equivocada que nos estancó en prácticas autoritarias y frustró las posibilidades de un desarrollo democrático.

Y todos han copiado y aplicado la misma receta infame. Todos han aspirado a la reelección, al continuismo. Todos, sin excepción. Todos han permitido la impunidad, el crimen político. Todos se han amancebado con criminales. ¿No fue acaso el PRD el que llevó al sicario Joaquín Pou Castro a general, consciente como era de que había comandado a la pandilla de exterminadores que asesinó al periodista y dirigente del PCD Orlando Martínez? ¿No protegió a los autores intelectuales que mandaron a cometer el crimen?

La tarea que nos tocaba no la cumplimos. Los jóvenes fueron adoctrinados en el culto a la dictadura, unos “del proletariado”, otros “con respaldo popular”. ¿Quiénes educaron a favor de la democracia, la tolerancia, el respeto a las ideas discrepantes, el debate inteligente, los derechos ciudadanos, el pluralismo y otros valores de la democracia liberal? No, en el culto a la tiranía, en el asesinato de quien disienta. Y esa mentalidad es la que prevalece en los líderes de todos los partidos en este país. ¿No se aplastan acaso, entre sí?


¿LES VAMOS A ECHAR LA CULPA A LOS HÉROES DE MAYO DE NUESTRO FALLO?


La conspiración para matar a Trujillo fue el único evento exitoso del siglo XX dominicano. Todos los otros fueron intentos meritorios, pero que fallaron. Si bien quienes los acometieron merecen nuestro respeto y nuestro reconocimiento eternos, esos actos no alcanzaron su meta. Fueron infructuosos.

El trama contra Trujillo del 30 de mayo no. Ella alcanzó su objetivo.

De ahí que mucho del intento de desconocer ese hecho o restarles méritos a los héroes busca encubrir que no fuimos capaces de estar a la altura de ellos ni de cumplir la otra parte que nos tocaba a los que hemos vivido estos últimos cincuenta años de historia dominicana: llevar el país hacia una democracia real.

Hemos fallado en la responsabilidad que nos tocaba. Ellos no, ellos tuvieron éxito.

Si tenemos una democracia más formal que real, si no existen leyes y aparato que las haga cumplir en nuestro país, si hay corrupción, impunidad, prevaricación; si cada gobernante de turno quiere perpetuarse en el poder; si se modifican las constituciones al gusto; si un ministro de educación se gasta más de 30 millones “remodelando su despacho” en un acto delirante y faraónico en un país pobre y lleno de miseria (lo que hace temer el destino de los fondos cuando se logre el propósito del 4% para la educación) y no sucede nada, no se le procesa por ese hecho; si la PN y las FF.AA. están penetradas por el narcotráfico; si aquí se entra en “chancleta” y se sale en jeepeta; si todo eso y más sucede, es responsabilidad mía, tuya, de todos los que hemos vivido estos últimos 50 años de historia dominicana, no de los héroes del 30 de Mayo que nos dieron la oportunidad de conducir a este país por otros senderos.

Los apologistas de la dictadura, sea “del proletariado” o “con respaldo popular”, ¿enseñaban democracia? ¿Promovían la tolerancia? ¿El respeto a las leyes? Y no digamos de los remanentes trujillistas agrupados en torno a Joaquín Balaguer. Él mismo admitió que para él la Constitución no era más que “un pedazo de papel”. Y así la usó.

Pero, ¿no hizo lo mismo Hipólito Mejía? ¿No se llegó a la aberración de considerar a Balaguer como el modelo de gobernante a seguir?

No estuvimos, y todavía no estamos, a la altura de los héroes del 30 de Mayo. Ellos cumplieron su tarea. Fueron los únicos que lograron su meta. Nosotros, entretenidos en alharacas y como veletas sin rumbo, no cumplimos la tarea que nos tocaba: llevar a este país a una democracia real, de oportunidades, de respeto a las leyes, de educación y prosperidad. Fuimos tú y yo los que fallamos. No ellos. Ellos tuvieron éxito, nosotros lamentablemente fracasamos. Lo que existe es nuestra responsabilidad, ¿o se la vamos a endilgar a quienes murieron en 1961 para que los que sobrevivimos tuviésemos la oportunidad

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