domingo, 2 de octubre de 2011

LO BUENO DE TRUJILLO



De Héroes del 30 de Mayo de 1961, el Sábado, 13 de noviembre de 2010, 21:43


Trujillo, en 1960, puso todo el oro de nuestro Banco Central como garantía para un préstamo internacional a sus ingenios y, al no pagarlo, dejó al país sin reservas. El día de su muerte éstas no llegaban al millón de dólares.
La masiva y cotidiana propaganda de un régimen trujillista que perduró una cantidad de años equivalente a lo que vive una generación, todavía condiciona nuestra forma de pensar.

Uno de los supuestos grandes logros de Trujillo lo fue el pago de la deuda externa en 1947, pero resulta ser que ese año lo mismo hizo Haití utilizando los mismos superávit en el comercio exterior resultantes de la bonanza de la Segunda Guerra Mundial.
Ambas deudas se habían contratado casi por las mismas razones, en fechas algo similares y por montos parecidos, pero nadie en Haití considera que el gobierno de Dumarsais Estimé logró una gran hazaña.
Además, Trujillo pudo haber pagado esa deuda en 1934 cuando nuestros bonos se cotizaban en la Bolsa de Nueva York a apenas quince centavos por dólar, pero terminó pagándola a un dólar, sin descuento alguno.
Se dice que Trujillo industrializó el país. Pero las industrias que se establecieron aquí en las décadas de los cuarenta y cincuenta reflejan el proceso de sustitución de importaciones de toda América Latina y el Caribe.
Esto ocurrió por donde quiera, con la diferencia de que aquí casi todas fueron industrias monopólicas y en su mayor parte pertenecían al dictador.
Trujillo indudablemente ayudó al campesinado con su repartición de tierras en los años treinta, pero echó todo eso para atrás cuando decidió convertirse en dueño de una docena de ingenios, deviniendo en el mayor terrateniente del país y expulsando a miles de campesinos de sus tierras.
Mientras La Habana, Puerto Príncipe y Montego Bay estaban llenos de turistas, aquí no venían por la mala imagen que sobre el país proyectaba la dictadura. ¿Cuántos empresarios dominicanos y extranjeros dejaron de invertir durante esos años por la falta de confianza?
Se dice que durante la “Era de Trujillo” la economía dominicana creció mucho. En esa época no existían estadísticas sobre el Producto Nacional Bruto (PNB) y su crecimiento, pero si tomamos como indicador el consumo de cemento, veremos que la tasa promedio de su crecimiento durante esos treinta y un años fue muy inferior a la de América Latina.
Es cierto que creó el Banco Central y la moneda nacional en 1947, pero eso coincidió con la fundación de los bancos centrales en toda nuestra región y en esos mismos años.
La misma misión técnica norteamericana que nos asesoró lo hacía igualmente en Guatemala. Sin embargo, Trujillo en 1960 puso todo el oro de nuestro Banco Central como garantía para un préstamo internacional a sus ingenios y, al no pagarlo, dejó al país sin reservas. El día de su muerte, las mismas no llegaban ni siquiera a un millón de dólares.
Los ultranacionalistas citan que Trujillo, con la matanza de 1937, sacó a los haitianos del país. Eso no es cierto, pues permanecieron trabajando en todos los ingenios.
No hizo como el gobierno de Cuba que a partir de 1933 deportó a miles de cortadores de caña jamaiquinos y haitianos y desde entonces en esa isla tan sólo cubanos (blancos, negros y mulatos), cortan la caña. Trujillo, al convertirse en el dueño de casi todos los ingenios dominicanos, terminó siendo el mayor empleador de haitianos.
Cuando Trujillo subió al poder en 1930, el país exportaba azúcar y sus derivados, cacao, café y tabaco. Treinta y un años después, se exportaba exactamente lo mismo, agregando un poco de bauxita. Sintamos nostalgia por otras cosas.

sábado, 1 de octubre de 2011

TRUJILLO Y LA INDUSTRIALIZACION



Tomado de Acento.com.do del 17 de mayo del 2011
Por Guido Riggio
Comentarios

Poeta, empresario y economista

guidoriggio@gmail.com


Una de las tesis que más se utiliza para mostrar aspectos positivos de la dictadura de Trujillo es el difundido argumento económico que afirma que ese régimen logró promover y desarrollar la Industria Nacional.

Pero ya Platón en su Crátilo se preguntaba si el significado de la palabra venía dado de forma natural, o si por el contrario era arbitraria y dependía del hábito de los hablantes.

Pero, como no es el lenguaje el que revela la verdad sino los hechos concretos, para poder sostener aquel juicio tendríamos que encontrar algún rastro de lo que a la sazón debió ser, oficial u oficiosamente, la "política de industrialización nacional de Trujillo". Veamos.

Empresas personales

Si bien es cierto que Trujillo fundó una serie de "industrias nacionales" hay que destacar que casi todas estas industrias fueron "industrias personales" (a veces aliado con socios extranjeros) y que por circunstancia repentina de su muerte no pudieron ser traspasadas (con algunas excepciones) a sus descendientes o testaferros.

De todas maneras, quedó muy claro que cuando las creó, no fue su intención pasar estas empresas, ni sus beneficios, al Estado Dominicano. Más por el contrario, las industrias de Trujillo, que surgieron en plena guerra mundial debido a la escasez de productos en los mercados internacionales, prosperaron amparadas en: 1) precios excesivos y 2) negocios monopólicos amañados que hacía con un Estado que lo financiaba y que además lo exoneraba de impuestos aduanales .

Lo que sí podríamos afirmar, para ser objetivos, es que Trujillo, sin proponérselo, al morir, devolvió lo robado al Estado Dominicano: un considerable número de empresas "personales" que luego fueron llamadas "estatales".

El atraso dominicano

Pero, para evaluar más objetivamente la cuestión, examinemos en perspectiva a la República Dominicana dentro del contexto internacional y preguntémonos:

¿Qué sucedía por aquel entonces en la economía, en la industria y el comercio de Cuba, de Argentina, de Chile, de Colombia, de Venezuela, de México y de otros países del mundo, durante aquellas "décadas tiránicas"- 1930 al 1960- en que aquí gobernaba Trujillo para él y su familia?

Pues sucedía lo que debía de suceder: sus clases empresariales y sus economías se expandían a mayor velocidad y a mayor escala que la nuestra, debido, lógicamente, a las mayores libertades y al grado de tolerancia mayor de sus regímenes políticos.

Mientras aquellos gobiernos promovían una política de "desarrollo empresarial e industrial", nuestro país se quedaba rezagado. Aquí el Estado sembraba una política para promover el "negocio industrial monopólico del Jefe".

Y no existe señal alguna razonable que nos impida inferir que el enorme crecimiento industrial que experimentaron aquellos países latinoamericanos, también hubiese acontecido aquí, si no hubiera existido un régimen tan egoísta como el de Trujillo.

Mientras que en 30 años Trujillo creó sólo unas 30 nuevas empresas importantes, en aquellos otros países- aun existiendo dictaduras en algunos de ellos - gozaban de ciertas libertades políticas y económicas, y en los mismos 30 años, este número de empresas fue superado cientos de veces.

No existía un plan de desarrollo industrial

De manera que jamás podemos afirmar razonablemente que Trujillo se dedicó a poner en marcha un plan efectivo, una "política para el desarrollo de la industria nacional", como se dice falsamente. Más bien él fue "sepulturero de la industria nacional", fue quien castró la iniciativa privada, para constituirse, prácticamente como en todo, en el único súper empresario criollo, superando a otros dictadores latinoamericanos.

Además, a nadie se le ocurriría decir que la mayoría de las empresas importantes surgidas durante La Era, fueron todas propiedades del tirano, a razón de que el resto de la oligarquía dominicana y los demás ciudadanos carecían de la inteligencia y de la capacidad para desarrollar una importante industria nacional.

Monopolio personal

Porque los inversionistas de otros países no tenían en contra, como los empresarios dominicanos, a un empresario mafioso, monopolista, criminal y asesino, con todo el poder militar en sus manos, que se había apoderado del gobierno en 1930 a base del terror, asesinando a sus opositores políticos a sangre fría.

En aquella Era bastaba tener una próspera finca, o un hermoso caballo, o un toro de raza, para provocar la envidia del sátrapa o la de sus ladrones hermanos, a quienes había que cederle o, con suerte, "venderle" la propiedad a precio vil. En esto superaba a otros dictadores.

Trujillo : ¿empresario o ladrón?

Porque Trujillo fue un temible "ladrón personal" y un "asesino vulgar", y no sólo un "asesino político" que mató por razón de Estado, como sus admiradores y devotos afirman falseando la historia.

Además, si damos un vistazo a nuestras tres décadas 'democráticas' comprendidas entre el año 1978 al 2008, veremos que en estos últimos 30 años, nuestro desarrollo industrial creció y sigue creciendo enormemente, porque tomó el camino de la normalidad, el camino de los otros países con políticas empresariales liberales.

Algo parecido pudimos observar en España después de la muerte de Franco. Con el fin de la dictadura, aquella nación gozó de una transformación económica extraordinaria y vertiginosa, pasando de una sociedad atrasada, a una de las más avanzadas de Europa y del mundo, esto, como muestra fehaciente del daño al desarrollo y a la empresa industrial que ejerce toda dictadura, aun aquellas dictaduras un poco moderadas, que no hacen de su país una finca a su servicio personal y familiar.

Si bien podemos contabilizar las 30 industrias propiedad del Jefe, jamás podremos contabilizar las decenas de industrias que hubiesen surgido si el país hubiese estado gobernado por un régimen liberal, orientado hacia la libre empresa. O quizás otro hubiese sido nuestro destino industrial, si hubiésemos tenido un dictador menos egoísta, un dictador que no se dedicara a perseguir a sus competidores, como lo hizo Trujillo.

Solo fue propaganda

En su reciente obra "La Otra Historia Dominicana", dice el historiador Frank Moya Pons: "Buscando en bibliotecas y archivos públicos y privados la existencia de publicaciones o escritos que contengan las ideas que pudieron haber inspirado el 'desarrollo industrial' durante la Era de Trujillo, sorprende la falta de una teoría explicita, o de una justificación del proceso dominicano, aparte de las acostumbradas alusiones al 'genio portentoso' de Trujillo".

Pero Moya Pons descarta la única evidencia histórica de lo que pudo ser un 'Plan de Industrialización' trujillista , y niega que la existencia del Índice ,elaborado por Manuel Resumil Aragunde, fuese un plan preexistente que esbozara el desarrollo industrial dominicano, a razón de haber sido escrito a posteriori , con la finalidad de justificar lo ya acontecido.

Por todo lo visto, podemos concluir razonablemente que el régimen de Trujillo (como toda dictadura) fue el sepulturero y el perseguidor de la clase industrial criolla y por ende, de la industrialización dominicana.

Hubiésemos podido hablar de la "Industrialización de Trujillo", si él hubiese implementado una política para el desarrollo industrial general y no personal, si hubiese estimulando a todos los sectores a invertir, sin la amenaza del despojo y la intimidación con que eliminó a su competencia, aplastó al empresariado e impidió el desarrollo de la Industria Nacional.

En este caso, el significado de las palabras propagadas en el sofisma que afirma que "Trujillo creó la Industria Nacional", debe tener su origen en el uso de un lenguaje con significado y juicio histórico desacertado , y por demás arbitrario; a decir de Platón : 'Algunos falsos juicios son producto del hábito irreflexivo de hablantes interesados'.

¿PERDON ? NO LO QUEREMOS.






EDITORIAL PERIODICO DIARIO LIBRE 13 de junio del 2011.
Por Adriano Miguel Tejada.


El nieto del dictador Rafael Leonidas Trujillo, en declaraciones a una agencia internacional de noticias, afirmó que la familia Trujillo no tenía que pedir perdón por los crímenes de la denominada "era de Trujillo", con estas palabras: "considero que no es un deber de nosotros pedir disculpas por cosas que se hicieron con carácter político, a pesar de que se produjeron hechos lamentables".

Los dominicanos no queremos que los Trujillo nos pidan perdón. De nada serviría, solo quizás, para mostrar una falsa modestia, una pose que podría servir para los propósitos políticos de esa familia en la arena dominicana.

No queremos que nos pidan perdón porque ya es muy tarde. Debieron ir de rodillas a cada hogar mancillado, a cada familia dejada sin su padre o sus hermanos. Debieron ir a postrarse de hinojos ante el suelo sagrado que pisaron las hermanas Mirabal y, a lo menos, decir donde están los cadáveres de los héroes y mártires de la Era, los últimos de los cuales fueron vilmente asesinados por Ramfis y su comparsa, entre los cuales estuvo José Luis León Estévez, según los testimonios de la época, en la Hacienda María, sin que nadie haya podido negarlo.

Debieron comenzar por devolver todo lo que se llevaron y que les ha permitido vivir como príncipes en Europa y Norteamérica, y sobre todo, debieron dejar en paz a este pueblo con su dolor y el recuerdo maldito de una época que solo volverá si somos incapaces de resolver nuestros graves problemas y avanzar nuestra democracia.

¿Perdón?, no lo queremos.

atejada@diariolibre.com

LAS DOS CARAS DE LA JUSTICIA EN LA TIRANIA DE TRUJILLO.



Escrito por: LLENNIS JIMÉNEZ ( l.jimenez@hoy.com.do)
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Tomado del periodico Hoy 18 de junio del 2011


Doctor Artagnan Pérez Méndez. Afirma que los casos que tenían matiz político no llegaron a solucionarse por vía de la justicia y que los datos no se han recogido ni se van a recoger nunca, porque ocultaron los expedientes.
El tirano Rafael Leónidas Trujillo Molina hizo del Poder Judicial dominicano un instrumento servil a su régimen de 31 años de terror y muerte.

Desde el inicio, obligó a las instituciones de la justicia a operar bajo una línea de adivinanzas sobre casos a su favor, sin errores para sus intereses políticos y económicos.

El carácter dominante de Trujillo imperó en los tribunales desde el 16 de agosto del año 1930 hasta el 30 de mayo del año 1961, cuando cayó asesinado en la conspiración preparada por un grupo de nacionales, en un hecho que se le atribuyó a la CIA.

En el transcurso de sus gobiernos ocurrieron miles de muertes, se cuantifican en más de 50,000, pero no hubo castigo desde la justicia por los crímenes, manifestados en homicidios, torturas en caminos y cárceles; muertes por presuntos accidentes, abuso de autoridad, tentativa de crímenes y de incendios, así como amenazas. Esa era la suerte fatal que corrían los enemigos del régimen.

La historia del Poder Judicial, reseñada por la propia Suprema Corte de Justicia (SCJ), máximo tribunal del país, narra que la justicia en la era de Trujillo, como sucede en todas las dictaduras, fue una Justicia atrapada, obediente a los dictados del gobernante, e identificada totalmente con el régimen.

Explica que quienes sirvieron en los puestos judiciales fueron básicamente o “trujillistas de corazón” o intelectuales conscientes de lo que debían de hacer cada vez que les tocara un caso “delicado”, en el cual estuvieran de por medio los intereses del “Jefe” o de cualquiera de los miembros de la familia Trujillo.

Estos sabían cómo tenían que fallar hubiere o no elementos de prueba hasta sin necesitar que les dieran instrucciones, tratando de mantener siempre el más estricto apego a la forma procesal y al fondo del tema para que sus decisiones no reflejaran deficiencias técnicas que había.

Trujillo, nacido el 24 de octubre del año 1891, en San Cristóbal, y tercero de 11 hermanos, quiso hacer de la justicia una entidad brillante, al igual que su carrera militar empezada en la interventora fuerza norteamericana, en 1918, que lo llevó del Ejército Dominicano a la Infantería de Marina de los Estados Unidos, para más tarde pasar a la Guardia Nacional; luego a la jefatura del Estado Mayor, como teniente coronel y a comandante auxiliar de la Policía Nacional.

Con esa férrea mentalidad militar y un prontuario de hechos ilícitos imputados, Trujillo se impuso.

Incendio del Palacio de Justicia. Su relación con la justicia pareció comenzar mal mucho antes de que se declarara Presidente y, por sus antecedentes, hubo quien en la época no dudó de su relación con el incendio del Palacio de Justicia de la calle Padre Billini, el 11 de diciembre del 1925.

Datos del máximo tribunal compilados por Wenceslao Vega y Américo Moreta Castillo indican que cuando Trujillo se perfilaba como el “hombre fuerte”, aún antes de ser Presidente, ocurrió un misterioso acontecimiento que preconizaba lo que iba a suceder; fue objeto de un incendio criminal el Palacio de Justicia, el que también alojaba a la Suprema Corte, por lo que desaparecieron archivos judiciales de la ciudad de Santo Domingo. No se dijo cómo ocurrió el incendio, que fue poco reseñado.

Fue la primera manifestación de lo que pudo ser el montaje del escenario para la llegada del régimen de Trujillo. Ese año asumió la comandancia de la Policía y sabía que no podría ser señalado por delito alguno.

En su Boletín Judicial 197 de diciembre de 1926, la SCJ señala que la reconstrucción del Palacio de Justicia tardó dos décadas.

Este acontecimiento explica la causa por la que falta una parte de la historia judicial dominicana, registros que contarían hechos correspondientes al fuego.

Artagnan Pérez Méndez. El ex fiscal y juez de primera instancia del distrito judicial de Espaillat de 1962 a 1965, afirma que en el régimen se vivió con mucha justicia politizada. De ahí que cuando habían matices políticos, la justicia en la Era de Trujillo no seguía ni los dictados de la conciencia ni las previsiones y prescripciones del derecho y la justicia, sino que seguía la línea política del régimen dictatorial.

En esos tiempos, los jueces conocían todas las materias: penales, civiles, comerciales y la primera instancia. También revisaban la apelación de los fallos de los juzgados de paz.

Pérez Méndez resalta que se trabajaba con ahínco, por lo que los tribunales se mantenían al día.

El doctor en Derecho de la promoción 1956, oriundo de Moca y quien pasó varios años como abogado en la Era, reconoce que en tiempos de Trujillo, cuando se trataba de litis entre particulares, sin roce político, la justicia se administraba en perfectas condiciones, dando a cada quien lo que le correspondía, sin privilegios y con gran capacidad por parte de los funcionarios.

“Cuando tenían matices políticos las litis, entonces había que plegarse al lado en que se orientaba el interés político”, expuso.

Al mismo tiempo, expresó que en la Era de Trujillo hubo mucha y buena justicia, también mucha justicia politizada. Empero, Pérez Méndez dejó claro que en la Era de Trujillo no se hablaba de la Era, y el régimen era tan fuerte y tan cerrado que el tema político, con afanes de crítica, no se comentaba en los hogares ni en las reuniones políticas. “Uno no sabía quién era espía y quien no lo era”.

Señala que predominaba el mutismo, el silencio. “Cuando se daban las casos y la gente se daba cuenta del rayo matizado de política, no se hacía comentario”. Y es que una opinión le podía costar caro.

Pérez Méndez indica que “los jueces motivaban las sentencias tratando de darle viso de una legalidad verdaderamente impresionante”. “No se hacía un chanchullo no, se le buscaba la vuelta”, asegura.

Primer tropiezo con la justicia. Los archivos que conserva la SCJ afirman que en lo jurídico, la Era de Trujillo nació viciada. A partir del golpe de Estado que Trujillo propició contra el presidente Horacio Vásquez, en 1930, que ganara las elecciones organizadas el 16 de mayo de ese año, con Estrella Ureña como vicepresidente, fue acusado de maniobrar un certamen plagado de irregularidades.

Quienes no compartían los criterios de la élite nacionalista que lo apoyó, a la hora de votar se encontraron con un clima de terror. En su libro “Los Responsables”, Víctor M. Medina Benet presenta este momento como una “farsa judicial”.

El autor explica así la renuncia de los miembros de la Junta Central Electoral a 10 días de las elecciones de 1930, la situación imperante y la solicitud de la anulación de los comicios que hizo en El Seibo el Partido Alianza Nacional Progresista al Tribunal de Primera Instancia de esa localidad, un caso que fue apelado en la Corte de Santo Domingo, pero la instancia no se llegó a conocer.

Aquí, la justicia tuvo que ceder a la pretensión de Trujillo, respaldada en el Congreso, que ya lo adulaba y le temía al poder del militar. El 28 de junio de 1930, los legisladores crearon el primer tribunal para los caprichos políticos de Trujillo, la Segunda Corte de Apelación de Santo Domingo, con atribución de conocer el recurso que contra las elecciones se presentó en El Seibo y que le dio la victoria a Trujillo.

Se impuso con la ayuda de la justicia, aunque no se conoció la sentencia de la primera Corte, que estaba prevista para el 17 de mayo de 1930, debido a que un grupo de exterminio de la banda de “La 42” destruyó la Corte y los jueces tuvieron que abandonar el lugar.

Medina Benet narra, y la SCJ así lo recoge, que el juez Carlos Gatón Richiez se vistió de mujer para salvarse. Empero, los jueces dejaron la decisión de El Seibo el 22 de mayo de 1930 al procurador general de la República, Ramón O. Lovatón, quien no divulgó el fallo de los jueces Francisco A. Hernández, Esteban S. Mesa, Carlos Gatón Richiez, G. Soñé Nolasco y Marino Emilio Cáceres. Esto dio inicio al Poder Judicial que sirvió de estructura al régimen tiránico.

ZOOM

Intimó jueces

“...Os he convocado porque creo como Santo Tomás, el apóstol de la Verdad, que la Justicia es la que comunica rectitud a las operaciones humanas, y es en este sentido superior al Deber, al Derecho y a la Ley; y llegáis a vuestra propia casa, en la cual se os recibe con los honores de vuestra alta dignidad, porque nada es más grato para mí que estar en sociedad con aquellos a quienes magnifica la capacidad de juzgar a los hombres...”. Con estas sutiles palabras Trujillo demostraba el control que ejercía sobre el Poder Judicial, en la celebración del 19 de enero del 1933 ante jueces reunidos en asamblea en Santiago.

Primeros crímenes sin condena

La mayoría de los asesinatos y torturas que ordenó Trujillo quedaron sin resolver y no fueron investigados. Las familias de las víctimas, casi siempre, solían no enfrentar al dictador, para no correr con la desgracia de su furia desatada.

Uno de los primeros mártines de Trujillo fue el general Cipriano Bencosme, el 19 de noviembre de 1930. No hubo fiscal que abriera el caso. A los siete meses de su primer Gobierno, Bencosme, militar de 66 años, no aceptó el desafío, por lo que puso su cabeza en manos de sicarios de su inaugurado régimen.

Nadie fue castigado tampoco en los tribunales por los miles de homicidios atribuidos a su maquinaria criminal. El crimen en 1956 contra el escritor, abogado y profesor español Jesús de Galíndez Suárez fue repudiado por la comunidad internacional, pero también quedó sin castigo por parte de la justicia. Trujillo descubrió que era espía de su Gobierno para Estados Unidos, por lo que al radicarse en Nueva York, ordenó su rapto y asesinato en territorio dominicano.

No hubo fiscal de la época que investigara el crimen de Galíndez, hecho que en septiembre de 2002 el periodista español José Luis Baberías relató con el título: Las últimas verdades sobre el agente Galíndez, explicando que encontró una muerte horrenda, sacándole los ojos, luego de ofrecer información al servicio secreto de los Estados Unidos, FBI, y de que fuera funcionario dominicano y hasta profesor de Ramfis, hijo del tirano.

La muerte de las hermanas y activistas políticas contrarias al régimen Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, el 25 de noviembre de 1960, a manos de la Policía Secreta, fue el detonante del repudio de la dictadura.

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Rafael Leónidas Trujillo Molina, considerado el dictador más temido del Caribe, ejerció su régimen criminal entre 1930 y 1961, con el beneplácito de siete de los 20 presidentes que ha tenido la Suprema Corte de Justicia (SCJ) en toda su historia, más de 12 procuradores fiscales y una cantidad similar de procuradores generales de la República.

Las cifras de estos funcionarios judiciales son precisas en lo referente a los integrantes de la SCJ, máximo tribunal del país.

Pero están dispersos los datos relativos a los procuradores fiscales y a los procuradores generales, ya que los archivos que recogen la historia de la Fiscalía del Distrito Nacional empiezan con el procurador fiscal del año 1944 y el registro de los procuradoresgenerales se hace a partir del año 1961.

Trujillo, quien ascendió a la principal magistratura del país mediante elecciones populares del 30 de mayo de 1930, luego de traicionar y de estallar en febrero de ese año la rebelión en contra de su padrino, el entonces presidente Horario Vásquez, hizo que los distintos tribunales dominicanos estuvieran sometidos a su voluntad y control.

Se hacía proclamar “Benefactor de la Patria” y “Padre de la Patria Nueva” el hombre de mano dura, que obligó a jueces, procuradores, fiscales, abogados, intelectuales, políticos y el pueblo en general, a alabar a su régimen y a enaltecerlo con los honores.

El brigadier, luego general y posteriormente, generalísimo, inició su mandato en lo que se denomina el segundo período de la SCJ, marcado de 1930 a 1961.

Tribunales. Trujillo permaneció por espacio de un año con la presidencia de Rafael Justino Castillo en la SCJ, quien ostentó el cargo durante 14 años, desde 1916 y salió en 1931.

Se le recuerda como el presidente de la SCJ que abarcó períodos diferentes de la historia.

Luego designó a José Antonio Jiménez Domínguez (1931-1943), a Augusto Júpiter (primero en 1934, más tarde, de 1936 a 1938). Alcibíades Roca asumió la Suprema entre 1934 y 1936, Juan Tomás Mejía Soliere de 1938 a 1946, Pedro Troncoso Sánchez, de 1946 a 1949.

La era concluyó con Hipólito Herrera Billini, 1949 y 1961. Éste tuvo la etapa más larga de la tiranía.

Amparó su Gobierno despótico en los mejores profesionales. Sedujo con el poder o por la fuerza a los más connotados profesionales del Derecho, los que a su vez buscaba que fueran filósofos, poetas, politólogos y con manejo de más de un idioma.

Procuradores. Trujillo cambiaba los procuradores generales con el mismo criterio que lo hacía con los funcionarios de su gobierno y muchas veces los jueces de instrucción ni siquiera habían estudiado Derecho. A esto se debe que en sus decisiones firmaran como señor, pero Trujillo puso fin a este problema.

La galería de ex procuradores generales de la República de la Era de Trujillo que se exhibe en su edificio del Centro de los Héroes desde el 17 agosto de 2007 sólo recuerda a José Manuel Machado (1961), sustituido por Porfirio Néstor Basora Puello, (1961-1962).

En el mural que data de la gestión de Francisco Domínguez Brito, no figura Juan Tomás Mejía Soliere, ex presidente de la SCJ, y quien desempeñó la función de procurador general en 1946. Juan Tomás Mejía Soliere ocupó la Procuraduría general en 1935, antes y después ejerció varias labores como era usual en la dictadora. Y Herrera Billini condujo el Ministerio Público desde la Procuraduría en los años 1948 y 1949.

En 1951, el procurador general del país era Porfirio Basora. El 30 de mayo de 1961, la Procuraduría General la dirigía Federico Cabral Noboa, quien instruyó al procurador fiscal de entonces, Teodoro Tejada Díaz, para investigar todo lo concerniente al ajusticiamiento del tirano.

Los fiscales. Los únicos datos que se tienen en la Fiscalía de los procuradores fiscales del Distrito Nacional empiezan con José Antonio Turull Ricard (1944-1945). Seguido por Emmanuel Aristy Ortiz (1945-1946), Homero Henríquez (1948-1949), Juan Tomás Mejía Feliú (1949-1953). Salvador Aybar Mella (1953-1955), Servio Tulio Castaños Espaillat (1955-1956), Antonio Martínez Ramírez (1956-1957), Felipe Owsvaldo Perdomo (1957-1958), José Salvador Vásquez (1958-1959), Víctor Garrido Hijo (1959-1960), Ernesto Suncar Méndez (1960-1961) y, finamente, Teodoro Tejada Díaz (1961). A este último le correspondió investigar el asesinato de su jefe. Todos han fallecido.

Cuando Trujillo llegó al poder, en mayo de 1930, la Procuraduría general de la República estaba en manos del licenciado Ramón O. Lovatón. Tuvo a su cargo investigar la denuncia de irregularidades en El Seibo el 16 de mayo en el transcurso de las elecciones presidenciales que le dieron la primera victoria a Trujillo.

En su obra titulada “Yo investigué la muerte de Trujillo”, Tejeda Díaz narra la forma en que fueron interrogados los señalados en el complot contra el dictador, hace saber que fueron eliminados y de otros, dice que murieron.

La galería de ex fiscales del Distrito Nacional fue abierta por el procurador fiscal Alejandro Moscoso Segarra el 29 de julio del 2010.

El manual de esta galería lo compiló la encargada de Relaciones Públicas de la Fiscalía, la periodista Onoris Metz. Cuenta una parte de la historia del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva, desde 1944, cuando se inauguró el edificio que permanece. Metz indica la dificultad para investigar los nombres de los procuradores fiscales que trabajaron para Trujillo.

La inauguración del Palacio de Justicia el 24 de octubre de 1944 fue encabezada por el presidente de la SCJ, Juan Tomás Mejía. El edificio alojó a la SCJ, la Corte de Apelación, el Tribunal Superior de Tierras y las demás entidades del Poder Judicial dominicano.

Pina Acevedo. Al valorar la administración de justicia en la Era de Trujillo, el jurista Ramón Pina Acevedo afirma que cuando en un asunto de justicia no estaba el interés del régimen, es decir, interés político, se podía esperar una buena decisión. “Cuando había interés político había que resolver el asunto de conformidad con el interés del régimen”.

Señala que eso explica el porqué juristas como Hipólito Herrera Billini y Manuel Ramón Ruiz Tejada pudieron vivir la era como jueces y “hacer un buen trabajo”. El fiscal era el dueño de la investigación, y de ahí, pasaba al juez de Instrucción.

La Policía no tenía ningún rol en la investigación. “Era obediente a las órdenes del fiscal”. Explica que son muchos los casos de personas que murieron en la dictadura y que no se investigaron.

Citó el primer crimen imputado al Gobierno, el de Virgilio Martínez Reyna, y los hechos imputados en Santiago al general José Estrella. Planteó que la muerte de Sergio Bencosme, por equivocación, permanece en un misterio.

Querían matar al licenciado Ángel Morales, quien residía solo en un apartamento en Nueva York. Bencosme lo visitaba el día que lo fueron a matar, y al abrir la puerta, recibió el disparo. “Esa muerte se le atribuye a Porfirio Rubirosa”, establece Pina Acevedo.

Las cifras

30 años. Esta era la condena máxima. La pena se imponía como 30 años de trabajos públicos. El jurista y exjuez de la Instrucción Artagñan Pérez Méndez indica que las sentencias que otorgaban en el régimen de Trujillo imponían penas similares a las actuales. Los delitos más comunes entre particulares eran por conflictos de tierras, acusaciones políticas, asuntos comerciales y, en menor grado, el robo. Este delito se castigaba con pena severa, lo mismo que el homicidio, siempre que el crimen no fuese cometido por los esbirros del régimen.

3 cortes. A la llegada de Trujillo al poder habían tres cortes de apelación, 12 distritos judiciales y 59 juzgados de paz. Al concluir la Era del Trujillo existían nueve cortes de apelación, 24 juzgados de primera instancia y 95 juzgados de paz. Estas cifras las ofreció a la población el 4 de julio de 1958 el entonces presidente de la Suprema Corte de Justicia, licenciado Hipólito Herrera Billini. El acto fue al conmemorarse el cincuentenario del máximo tribunal dominicano, la Suprema Corte de Justicia. Entre 1959 y 1969 se establecieron varios tribunales

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Palacio Justicia de Ciudad Nueva durante el período de Trujillo
Comprometidos para sobrevivir. Para los abogados poder desempeñarse con cierta libertad debían no contrariar los criterios de Trujillo, su familia, protegidos y allegados, y no inmiscuirse en temas adversos al tirano.

Escrito por: LLENNIS JIMÉNEZ (l.jimenez@hoy.com.do)
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Todas los tribunales de la ciudad de Santo Domingo que operaban durante la opresión de los gobiernos de Rafael Leónidas Trujillo Molina estuvieron alojados en el Palacio de Justicia de Ciudad nueva hasta el año 1959.

En un solo edificio, el militar despótico concentró las diversas instancias de los tribunales hasta llegar a la corte de casación.

Allí estaban la Fiscalía, la Procuraduría General de la República y la Suprema Corte de Justicia junto a las cortes de casación. Los tribunales de primera instancia, en cámaras penales y civiles; los juzgados de instrucción, el Tribunal Superior de Tierras, el Registro de Títulos de Propiedad y la Dirección Nacional de Mensuras Catastrales.

El 25 de octubre de 1944 se abrieron las puertas del reconstruido Palacio de Justicia, borrando las huellas del incendio que sufrió el 11 de diciembre de 1925, l que algunos achacaron a Trujillo, para eliminar documentos que lo incriminaban en delitos.

Pese a que se trataba de la obra de justicia más importante del país, se registró la ausencia del tirano en la reapertura del Palacio de Justicia, el 24 de octubre de 1944. Encabezaron la ceremonia Juan Tomás Mejía, entonces presidente de la Suprema Corte de Justicia (SCJ) Héctor Bienvenido Trujillo, secretario de Marina y hermano del dictador, y Virgilio Álvarez, presidente del Partido Dominicano.

Dada la estrechez de la edificación para la gran cantidad de público que demandaban servicios de la justicia, la SCJ y la Procuraduría General se mudaron el 26 de febrero de 1959 a su nuevo edificio la Feria de la Paz, hoy Centro de los Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo, donde ocuparon un moderno local.

Ahora se deespués de casi 46 años, tanto la Suprema Corte de Justicia como la Procuraduría General se alojan en el único edificio suntuoso que han tenido tribunales dominicanos, dejando esa edificación a las cortes de apelación en materia civil, comercial y penal.

Trujillo demandaba de tribunales que dieran pronta respuesta, higiénicos y muy ventilados.

Trabas para ejercer Derecho. El exequátur era la licencia obligatoria para un abogado litigar, pero le era reservada a los seguidores del tirano.

Por eso, muchos abogados debieron colgar la toga y el birrete y dedicarse a otro oficio. El otorgamiento de ese permiso implicaba ver el historial político del abogado.

Testimonio de estudiante. Hitler Fatule Chaín estudiaba doctorado en Derecho durante el régimen de Trujillo. Cuenta que en las clases no se debatían los delitos y los crímenes y que no ensayaban los juicios.

Algunos de sus profesores fueron los juristas Leoncio Ramos, Froilán Tavares, Joaquín Balaguer.

Expresó que profesores como Julio César Castaños, de la asignatura de Economía Política, decían a sus alumnos que el titular de la asignatura no era él sino el “generalísimo doctor Rafael Leónidas Trujillo Molina”.

Fatule Chaín afirma que la educación de abogado era sobre la base de mucha formación, y como en las demás carreras, de mucho respeto y comedimiento hacia el profesor.

Compara la diferencia entre el abogado de la era de Trujillo y el de ahora, en que antes el profesional estaba formado en todas las materias, y se le consideraba un intelectual.

Abogado en la Era. El jurista Ramón Pina Acevedo ejerció la profesión en el régimen de Trujillo y fue abogado de la parte civil en el juicio contra los asesinos de las hermanas Mirabal. Dice que la dictadura fue difícil para los profesiones del Derecho.

Relata que en principio, se dijo que fue un accidente el crimen de Minerva, Patria y María Teresa, el 25 de noviembre de 1960.

Se esperó la muerte del dictador, para sentar en el banquillo de los tribunales, en junio de 1962, a los imputados: Ciriaco de la Rosa, Alfonso Cruz Valerio, Emilio Estrada Malleta, Ramón Emilio Rojas Lora y Néstor Antonio Pérez.

Parecer de un estudio. El jurista e historiador Wenceslao Vega B explica en su obra “Historia de la Corte de Casación Dominicana”, que la Era de Trujillo “se caracterizó por los cambios en la composición de los tribunales, donde los jueces pasaban a ser legisladores, secretarios o subsecretarios de Estado, gobernadores, diputados, etcétera”.

Funcionarios judiciales resaltaban como “gloriosa la actuación de Trujillo”. Tal fue el discurso del presidente de la Suprema Corte, Hipólito Herrera Billini, el 9 de enero de 1950, al señalar lo que entendía como “el progreso jurídico del país en los últimos años y el espíritu democrático de nuestra legislación civil”, señala Vega B. Trujillo.

Indica que el tirano siempre recibió un homenaje de “gratitud y admiración por parte del Poder Judicial.

Antecedentes

Pidió apología de abogado

Lo increíble fue un encuentro de abogados el 6 de agosto de 1955 en el hotel Matum, de Santiago de los Caballeros, para reconocer los 40 años en la abogacía del licenciado Federico C. Álvarez, y por no mencionarse el nombre el tirano, a quienes asistieron a la cena se les calificó de enemigos. Ante el sometimiento en el Tribunal de Honor del Partido Dominicano, el partido del dictador, del que todo profesional debía ser miembro, Federico Álvarez se vio precisado a retractarse pronunciando la conferencia “Transformación del Pensamiento Jurídico Dominicano en la Era de Trujillo, el 12 de junio del año siguiente. Los extremos de la dictadura iban desde ascender a puestos importantes a abogados amigos, a perseguir, encarcelar o hacer exiliar a los juristas contrarios. Muchos abogados no lograron salir ilesos del régimen por no poder ejercer la carrera en beneficio al generalísimo. Por las exigencias del Gobierno del sátrapa, algunos profesionales no subieron a estrado, cayendo en una especie de clandestinidad. La docencia fue el refugio de unos y el exilio, la opción de otros. Las doctrinas y las jurisprudencias fueron escasas en la dictadura.

jueves, 29 de septiembre de 2011

MI PERDON A LA FAMILIA TRUJILLO:


José Antonio Torres.
Tomado de El Nacional.14 de junio 2011.

Estoy totalmente de acuerdo con la opinión de los descendientes del dictador Rafael Leonidas Trujillo en el sentido de que no deben ni tienen que pedir perdón al pueblo dominicano por las acciones de los 31 años en los que el jefe del clan gobernó el país.

El vocero de la familia, Ramfis Domínguez Trujillo, dijo en Miami: “considero que no es un deber de nosotros pedir disculpas por cosas que se hicieron con carácter político, a pesar de que se produjeron hechos lamentables”.

Eso es cierto, ningún miembro de la familia Trujillo debe clamar el perdón de la sociedad, por el contrario, son los dominicanos que vivieron durante la dictadura quienes deben hacerlo por su indiferencia ante el crimen y el latrocinio que caracterizó la gestión del dictador.

Creo que tres generaciones de hombres y mujeres del país deben darse golpes en el pecho por haber permitido, por temor o complicidad, que un régimen bestial como el de Trujillo permaneciera durante tres décadas.

También los dominicanos de esa época, deben pedir perdón a esta generación por permitir la salida de los parientes del dictador con fortunas robadas al erario, y algunos con las manos ensangrentadas.

Los Trujillo no tienen que sentirse culpables. No importa que todos nacieran y vivieran como reyes en Europa, con interminables fortunas que ninguno ganó en lotería ni trabajó.

Tienen que pedir perdón quienes hoy, como ayer, le sirven de bocinas, y hasta de pie de amigo, a una familia que después de cinco décadas en el anonimato pretende que la sociedad entienda por qué el jefe del clan tuvo que asesinar a miles de dominicanos y apropiarse de los bienes de cientos de familias trabajadoras.

Es verdad, malos somos los que le permitimos que durante 31 años violaran a nuestras hijas, se apropiaran del fruto del trabajo de nuestros hermanos, asesinaran a nuestros padres y encarcelaran a nuestros tíos.

JUAN BOSCH LE ENVIÓ UNA DURA Y VALIENTE CARTA AL DICTADOR RAFAEL LEONIDAS TRUJILLO EN JULIO DE 1944 DESDE SU EXILIO EN CUBA.


Tomado de La República. Listín diario. 30 Junio 2011

EL LEGADO DE UN LÍDER
“Su régimen es una bestia y un terror”

Juan Bosch se estableció en Cuba en 1939, iniciando más de 20 años de exilio fuera de territorio dominicano. Allí continuó una prolífera y profunda actividad intelectual, caracterizada por la denuncia de los atropellos de los regímenes fuertes de América Latina, principalmente del país.Fernando Quiroz
fernando.quiroz@listindiario.com
Santo Domingo
Juan Bosch, a sus 35 años de edad, le envió desde su exilio, en La Habana, Cuba, una valiente y dura carta pública al dictador Rafael Leonidas Trujillo, en la que calificaba su régimen como una situación propia de bestias y de terror que empobrecía, corrompía y denigraba a todos los dominicanos, pues los hacía desdichados y les esclavizaba.

Esta misiva con fecha del 26 de julio de 1944, le motivaba la indignación e impotencia por el apresamiento de su padre José Bosch por la tiranía, en represalia a las ideas de libertad de Juan.

Temeroso de que a su padre pudiera sobrevenirle algo más tarde ñporque sabía “el número que calzaba Trujillo”ñ dirigió la carta teniendo como destinatario al “señor dictador de la República Dominicana”.

Este escrito y numerosos otros publicados por las revistas Bohemia y Carteles, y el periódico Quisqueya Libre, la mayoría desconocidos por los dominicanos, fueron compilados en el año 2010 en el libro de dos tomos “Juan Bosch en Cuba” por el profesor Luis Céspedes Espinosa, de la Universidad de La Habana, con el auspicio de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode).

Bosch, quien logró salir al exilio a Puerto Rico en 1938, tras resistirse a mantener cargos en la dictadura de Trujillo, se estableció en Cuba en 1939, durando más de 20 años fuera del territorio dominicano. Allí continuó una prolífera y profunda actividad intelectual, caracterizada por la denuncia de los atropellos de los regímenes fuertes de América Latina, principalmente de su país.

En Cuba fundó el 5 de julio de 1939 el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), actualmente la principal fuerza opositora en el país. Renunció a esa organización y en diciembre de 1973 fundó el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), hoy en el gobierno, al igual que en otras dos ocasiones anteriores bajo el liderazgo del presidente Leonel Fernández.


¡Gracias, cubanos!
“Por tercera vez inicio este artículo. Nunca me había pasado antes, pero nunca antes había tenido que ser objeto periodístico de mí mismo, y espero no tener que serlo de nuevo en el porvenir”, escribió.

Dijo que por fuerza debía utilizar esa columna para llevar su gratitud a todos los que hicieron cosa suya el empeño de librar a su padre de la cárcel trujillista.

Agradeció al doctor Santiago Claret por su editorial “Rehenes en nuestra propia América”. También, a los redactores de mesa y a los reporteros de todos los periódicos que se interesaron por el caso.

“Quisiera mencionar una por una a todas las plantas de radio que trataron editorial o periodísticamente el incidente. Quisiera dar, sin que faltara uno solo, los nombres de los que enviaron cables al gobierno dominicano reclamando la libertad de mi padre”, agregó.

Se refería a las personas que le expresaron su disgusto y asombro, a los amigos que acudieron al teléfono o a los que se apresuraron a escribirle.

Pero insistía en que no podía hacerlo. Al público, señalaba, no le interesaban los sentimientos privados del periodista y como asunto periodístico la prisión de su padre fue tratada ampliamente.

Para decir lo que sentía no le eran suficientes las palabras, por lo que atinaba a decir solo dos: “Gracias, cubanos”.


Sobre la carta
“He recibido un cable de mi padre en el cual me dice que se haya en su hogar. Interpretando de la manera más benévola para usted el sentido de las palabras que pueden ser usadas en el país, las de mi padre significan que está ya en libertad”, reseña el primer párrafo de la comunicación.

Le expresó que con ser buena esa noticia no le tranquilizaba del todo. “Conozco sus métodos, señor Trujillo. Sé que Jesús María Patiño y Rigoberto Cerda ñpara mencionar solo dos nombresñ desaparecieron misteriosamente después de haber sido indultados por usted con bombos y platillos”, señaló.

Le comunicó que sabía que Tomás Ceballos Martínez, del grupo anterior, murió poco después apuñalado por un desconocido.

“Sé que un pastor protestante norteamericano fue acuchillado en su casa por el delito de haber enviado al exterior un año antes las primeras noticias sobre la matanza de haitianos, y que hubo quien se declarara culpable de esa muerte, achacando el crimen a razones deshonrosas para la víctima; sé que igual método se puso en práctica con el general Tancredo Saviñón”, indicó.

Le expresó que, como todos sus compatriotas, tenía la convicción de que en la República Dominicana no se hace ni puede hacerse nada sin consentimiento de él.

Bosch le enrostra a Trujillo ser amo de la tierra, los árboles y los seres que la pueblan y el aire que le rodea.

“A usted, pues, es a quien debo decir lo siguiente: Lo consideraré responsable por cualquier perjuicio de índole económico, personal o moral que pudieran sufrir mis familiares. Tenga la seguridad de que esta consideración será compartida por todas las instituciones y personalidades del continente”.

En cierto aspecto no le refuta al dictador el contenido de un cable en el sentido de que no ha habido represalias contra su padre José Bosch. Y le hace la aclaración de que las represalias han sido contra él.

Le advirtió que ninguna especie de represalia le haría poner alto a una lucha que sólo cesaría cuando su país estuviera disfrutando del régimen democrático.

“Usted puede comprobar este aserto convirtiendo su dictadura en un gobierno de hombres libres. El día que usted hiciera eso terminarían los ataques míos y de mis compañeros del Partido Revolucionario Dominicano, que no tenemos interés alguno en combatirlo en usted por usted mismo”, dijo. manifestó.

OTRA MONTAÑA DE MENTIRAS
Ya en septiembre de 1944, a 14 años de la dictadura, Bosch escribe, también en La Habana, lo que denominó una montaña de mentiras que acumulaba la dictadura de Trujillo para esconder a los ojos de América la realidad dominicana, puso una más con la desmentida Confederación Dominicana del Trabajo.


Esta “organización”, escribió Bosch, publicó un folleto en julio de 1944 dirigido a los obreros de América, en el cual sólo se hacía una cosa: elogiar desmedidamente a Trujillo y denostar a los que combatían la tiranía dominicana.

Pasa por alto que en julio de ese mismo año, fue hecho preso en Santo Domingo Freddy Valdés, un obrero luchador, y su culpa fue querer organizar un movimiento obrero libre en la República Dominicana. Hasta mediados de septiembre de 1944, puntualizaba, no se sabía una palabra de Valdés, y sus familiares no habían podido averiguar si estaba preso o si fue asesinado en las cárceles de Trujillo.

“En el folleto no se dice –¡que casualidad!– que mediante un ucase están prohibidas las huelgas en Santo Domingo ni se menciona las víctimas de La Romana; los catorce ahorcados, a quienes se acusó de participar en un movimiento de huelga que tenía por finalidad alcanzar un jornal mínimo de 40 centavos para los trabajadores del azúcar”.

Tampoco se aludía al reclutamiento de campesinos, hecho con el ejército, y que eran forzados a trabajar en las centrales del Este por 25 centavos diarios, ni se protestaba por la terrible ley de vagos que acababa de dictar Trujillo, destinada a facilitar la extensión del trabajo forzado en las propiedades y en las fábricas privadas del “benefactor” de cuantos ciudadanos se les antojara.

“Si somos políticos, ¿qué hacemos en el exilio? ¿Se concibe un político actuando lejos del pueblo en el cual necesita vivir para lograr sus fines? ¿Por qué hay dominicanos fuera de su país en calidad de desterrados? ¿Qué hacemos nosotros malgastando nuestros mejores años, nuestras energías, nuestros entusiasmos fuera de la patria?”, dijo.

Sustentó que estaban fuera de Santo Domingo porque aquí no se disfrutaba de libertad alguna, no era posible pensar en esta ciudad; mucho menos actuar.
En ese sentido, insistía en que si en República Dominicana hubiese habido, como aseguraban los firmantes del “mensaje a los obreros de América”, una organización libre de trabajadores, habría libertad de expresión y de acción política pues no se concibe régimen alguno que ofrezca garantía de libertad para una sola manifestación.

“Sin libre prensa no puede haber libre movimiento obrero; sin libre expresión, para hacer manifestaciones, protestas, huelgas, propaganda, no existirá jamás, en parte alguna de la tierra, posibilidad de libre movilización de los trabajadores”.

EL CULTO A LA PERSONALIDAD



Por Alejandro C. Manjarrez
Tomado de econsulta.com.

Fin de semana lluvioso. Días de rememorar aquello que nos hace sonreír. Momentos para señalar los errores de quienes se sintieron o se sienten paridos por los dioses del Olimpo. ¿De qué tema escribir –me pregunto–, de lo trivial o de lo que alecciona o del futurismo político?

Sin pensarlo mucho me decido por la segunda opción. Así que intentaré convencerlo de que el tiempo ha convertido en anécdota aquello que pudo haber sido peor (depende del país o del pueblo ofendido) que una estridente mentada de madre a la sociedad. Me refiero al culto a la personalidad.

Como el lector lo sabe, se trata de una costumbre cuyo costo no tiene cifras ni parangones. Simplemente se da en las mentes enfermas de megalomanía. Empero, quien pone en práctica ese culto, con sus actos suele construir el cadalso que pasado el tiempo servirá para su digamos que ejecución y, después, su incuestionable "entierro" en la fosa común de la ignominia. En fin.

Vaya pues este breve recorrido histórico:

Quien impuso la moda, digamos que moderna, pudo haber sido José Stalin. Nadie podía increparlo y menos aun rebatirlo. El tipo se sintió el único juez de la ley suprema. No obstante la represión a la que se arriesgaban quienes discrepaban con él, hubo algunos que se atrevieron, mismos de pura chiripa lograron sobrevivir para que les fuera reconocido su valor tres años después de que el dictador había muerto.

Mussolini, Hitler, Franco, Trujillo, Mao Tsetung, Idi Amin, Bokassa, Mobutu, Duvalier, Marcos y Hussein son otros de los adoradores de ellos mismos. He aquí un digamos que aperitivo del dañino culto a la personalidad:

Rafael Leonidas Trujillo Molina, presidente de República Dominicana, genocida que mandó asesinar a más de 30 mil haitianos que se atrevieron a ingresar al país, se hizo llamar "Generalísimo y Doctor Benefactor de la Patria Nueva". Sus seguidores nombraron a su madre "Matrona de Vientre Privilegiado", la misma que sus víctimas recordaron en no muy buenos términos.

Jean-Bedel Bokasa tiene un apartado especial en la historia de África: gobernó la república centroafricana durante catorce años. Lo hizo entre la sangre, el dolor, el canibalismo y su crueldad demencial, características que acompañaron sus crímenes. Se declaró apóstol y santo y nombró emperador. Dijo ser católico y tuvo 17 mujeres y 55 hijos. También se auto proclamó como: "Emperador de África Central por la voluntad del pueblo centroafricano, unido al partido político nacional…".

Mobutu Desiré Joseph implantó el récord en el poder omnímodo y brutal. En Zaire su efigie prevaleció años después de muerto (1997). Él mismo se definió como el "todopoderoso guerrero que gracias a su resistencia e inflexible voluntad de vencer irá de conquista en conquista dejando tras de sí una estela de fuego". Fue el ejemplo perfecto de la cleptocracia, fenómeno que por cierto acabamos de vivir en Puebla.

Uno de los actos políticos más espectaculares de Sadam Hussein, consistió en el plebiscito que convocó para que su pueblo decidiera si continuaba o no en el poder. Aquella consulta produjo el siguiente resultado que, obvio, tuvo el aval de la autoridad electoral designada por él: el 99.96 por ciento de los ciudadanos dijeron "sí". Y sólo 3 mil 52 de los ocho millones de votantes, sufragaron por el "no" (que yo me acuerde, sólo una votación superó a la del Irak de Hussein: la del distrito de Ciudad Serdán).

Y ya que hice el paréntesis sobre Ciudad Serdán, ahora me ubico en México para traer a colación los siguientes datos:

Por acá tuvimos a don Antonio López de Santa Anna, alias el "Quince Uñas", quien se hizo llamar "Su Ilustrísima". Porfirio Díaz no cantó mal las rancheras y de ser un hosco y vulgar general cimarrón, pudo transformarse en un exquisito gobernante cuyos modales y modo de hablar cautivaron a los diplomáticos extranjeros de aquellos entonces: así gobernó durante 27 años ininterrumpidos. Arnulfo R. Gómez, otro general menos pomposo que Díaz, plagió para firmar como propia la máxima romana: "Si quieres la paz prepárate para la guerra". Y qué decir de Victoriano Huerta, conocido como "el chacal", un hombre que en su locura por el poder ordenó matar al presidente Francisco I. Madero y al vicepresidente José María Pino Suárez: fue inspirado e inducido por el embajador estadunidense que le lavó el cerebro diciéndole que su país lo haría el mejor gobernante de México.

Una vez hecho este recorrido histórico a vuelapluma, al mirar nuestro entorno político, he concluido que el culto a la personalidad forma parte del proyecto personal de los hombres de Estado. Cómo convencer a los electores si se presentan como simples mortales, y de qué manera trascender cuando la modestia forma parte de la personalidad. Ante esta disyuntiva concluyen que no hay de otra mas que echarle crema a los tacos o lana a los medios de comunicación electrónicos. Y nosotros, los simples mortales, somos los que pagamos los platos rotos para que siga vigente el culto a la personalidad. ¿O no?

acmanjarrez@hotmail.com